Cuerpo en el embarazo

Tu Cuerpo Durante el Embarazo

AUMENTO DEL TAMAÑO DE LOS SENOS

Los senos se preparan para la lactancia a lo largo del embarazo. Habrás observado que su tamaño aumenta y que a veces hay una ligera sensibilidad en el área. Ello se debe a las hormonas, entre ellas la progesterona, que permiten que las glándulas mamarias puedan producir leche. Esta es la es la responsable del incremento del tamaño de los alvéolos y lóbulos en los que se produce la leche materna. Los estrógenos generan el crecimiento y la ramificación de los ductos que van hasta el pezón, por donde finalmente saldrá la leche.

Aumento senos embarazo
Aumento senos embarazo

El tamaño de los senos no tiene nada que ver con tu capacidad para amamantar al bebé: las mujeres de senos pequeños no tienen ningún impedimento fisiológico para hacerlo.

CAMBIOS EN AREOLAS Y PEZONES

Igualmente, es común que la areola que rodea al pezón aumente su diámetro, tome un color más oscuro y que se hagan más visibles. Las glándulas de Montgomery son como unas pequeñas protuberancias alrededor del pezón que segregan una sustancia ligeramente aceitosa que tienen por función proteger y lubricar la piel durante la lactancia. El pezón por su parte se vuelve más prominente y oscuro. Si el pezón se encuentra invertido, doloroso, o no lo ves normal, consulta con tu pediatra o ginecólogo y él te dará los consejos a seguir.

A PARTIR DEL NACIMIENTO DEL BEBÉ

Después del parto entran en acción otras hormonas: una se encarga de la producción de la leche y se activa cuando la boca del bebé estimula el pezón, y la otra, desencadena el reflejo de eyección o expulsión de la leche que se da sin estímulo físico: basta que la mamá oiga llorar al bebé, piense en alimentarlo o que simplemente lo vea. Existe también una proteína que se encuentra en la misma leche y es la responsable de la cantidad que se produce, lo cual a su vez está relacionado con la frecuencia con la que el niño succione.

Ocasionalmente, algunas mujeres pueden notar una salida espontánea de calostro –la llamada “primera leche” que es un líquido amarillento rico en nutrientes para el bebé y especiales para este primer momento de la vida– durante el embarazo. Esto es perfectamente normal y no debe causar alarma.

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